Bares, qué lugares
Los pasados fines de semana he vuelto a mi ciudad natal. Allí me he encontrado con un drama anunciado: el cierre de tres templos de la noche con anunciado derribe. Adiós a la La Luna, al Nashville, al Clan Maltés. Y es que nada es para siempre, los garitos tampoco: molestan al vecindario, se alojan en locales ruinosos o, simplemente, los dueños cuelgan el hábito. Ea
Hace poco, un bar Fantástico, más digno de Malasaña que del gótico de Barna, hizo también fiesta de despedida. Ya estoy tardando en ver qué rumbo pilla con su nuevo dueño. Jo
Y atrás quedaron otros: El Nilo de mis padres y la Diligencia de mi BUP y COU... El Kiriki, el Metropole. Cada época de mi vida tiene un local asociado. Vamos, que cada vez que me cierran un bar me joden, me cierran un trozo del alma. Porque yo a los bares les tengo amor, mucho amor.


2 comentarios:
hasta el hifi tuvo su momento dortora!!!! momentazzzos!
Y qué me decís del kiriki. (shhhh, ahí se forjó el amor nori-inés) ay! Inés
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